InJOBTrayectorias
Volver al blog
Orientación vocacional 25 sep 2026 7 min de lectura

Elegir una carrera es importante. Aprender a decidir tu trayectoria lo es aún más

Ante miles de alternativas de educación superior, acompañar a nuestros hijos también significa ayudarlos a construir criterios para decidir una trayectoria con propósito.

Una estudiante conversa con sus padres mientras revisan distintas alternativas de educación superior

Cuando nuestros hijos están a punto de terminar el colegio, la pregunta «¿Qué vas a estudiar?» comienza a aparecer y el contexto no siempre es fácil de leer. La respuesta podría parecer sencilla, pero se trata de una decisión bastante más compleja: no es solo escoger la carrera de mayor predilección, sino hacer el ejercicio de imaginar qué tipo de trabajo y de vida podría construirse a partir de esa elección.

Como padres, nuestra primera reacción suele ser ayudar buscando información sobre empleabilidad, ingresos y prestigio de las instituciones, en general sustentado por estándares de acreditación y calidad académica. Sin duda, eso importa. Pero quizás podemos ayudar también de otra manera: acompañando a nuestros hijos a construir los criterios con los cuales decidirán qué alternativas merecen realmente su atención.

No se trata solamente de escoger una carrera, sino de decidir entre distintas áreas de conocimiento, instituciones, modalidades, jornadas, duraciones y formas de estudiar, entre muchos otros factores.

Una oferta amplia y diversa

La magnitud de la oferta de educación superior ayuda a entender el desafío. Al considerar la oferta vigente de programas de pregrado con ingreso de estudiantes nuevos para 2026, encontramos 17.245 programas. De ellos, 10.369 corresponden a universidades, 5.454 a institutos profesionales (IP), 1.370 a centros de formación técnica (CFT) y 52 a instituciones de las Fuerzas Armadas. Estas cifras no solo reflejan una oferta enorme, sino también una diversidad de instituciones que entregan distintas alternativas de acceso y de trayectoria, asunto en el que me parece necesario poner la mayor atención.

Área del conocimientoA distanciaDiurnaOtraSemipresencialVespertinaTotal
Administración y Comercio345929—958782.247
Agropecuaria116021753233
Arte y Arquitectura23404—15140582
Ciencias Básicas21174—935239
Ciencias Sociales141469—64250924
Derecho4117—658185
Educación516662342581.011
Humanidades2356——584
Salud15882—802341.211
Tecnología3141.668—1041.2363.322
Total9385.52544243.14710.038

En la tabla hay un dato especialmente interesante: aunque la jornada diurna sigue siendo mayoritaria, con 5.525 alternativas (55%), aproximadamente el 45% restante corresponde a opciones vespertinas, a distancia, semipresenciales u otras jornadas. Esto no era así hasta hace pocos años y refleja la evolución de la oferta y cómo se abren nuevas opciones para quienes están decidiendo iniciar estudios superiores.

Una decisión grande se construye con muchas decisiones pequeñas

La idea de «la trampa del costo marginal» plantea que, si optamos por aquello que nos dice «decido ahora, solo por esta vez, porque no pasa nada», corremos el riesgo de dejar fuera opciones que realmente deberíamos considerar para ser coherentes con aquello que queremos. Buscar un alineamiento cercano al 100% es una forma de evitar esa trampa.

En otras palabras, cuando una oportunidad contradice parcialmente algo que habíamos definido como importante, resulta fácil justificar una pequeña excepción. La pregunta relevante, entonces, no es solo «¿qué carrera?», sino «¿está mi elección alineada con mis intereses?». A mi parecer, ahí radica el valor de hacer visible el posible efecto acumulativo de nuestras decisiones.

Antes de elegir una carrera, hay una conversación sobre propósito

Tomar una decisión sobre una carrera no consiste solamente en decidir qué estudiar o, posteriormente, en qué trabajar. También estamos comenzando a responder preguntas bastante más profundas: ¿quién quiero ser?, ¿qué cosas quiero hacer?, ¿cómo me gustaría vivir?, ¿qué tipo de contribución quiero realizar? Y, sobre todo, una pregunta que me gusta mucho:

¿Qué problemas te interesa resolver?

Sentirse satisfecho con el propio trabajo probablemente tiene mucho que ver con poder reconocer valor en aquello que hacemos y encontrar una conexión entre nuestro esfuerzo, nuestras capacidades y aquello que consideramos importante.

Sin embargo, cuando llega el momento de elegir, es muy fácil comenzar exactamente por el otro extremo: ¿qué carrera tiene más empleabilidad?, ¿dónde voy a ganar más dinero?, ¿qué profesión tiene mayor prestigio? Son preguntas legítimas, pero no absolutas. Antes de concentrarnos exclusivamente en qué hacer, conviene intentar comprender por qué determinadas cosas nos importan y qué nos mueve.

No necesitamos que un joven de 17 o 18 años encuentre de pronto «el propósito de su vida». Esa expectativa puede generar todavía más presión. Lo importante es que pueda tomar decisiones entendiendo que está comenzando a construir su trayectoria.

Necesitamos aprender a decidir. El enfoque que proponemos busca precisamente avanzar en esa dirección: no comenzar diciéndole a una persona qué debería estudiar, sino ayudarla a comprender qué le interesa, qué la mueve, cuáles son sus prioridades, qué principios quiere proteger y qué criterios utilizará para comparar las oportunidades disponibles.

¿Quieres conversar sobre tu próximo paso?

Agenda una asesoría y decidamos juntos con información real sobre tu futuro.

Agenda una asesoría

Sigue leyendo