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Tendencias 25 ago 2026 7 min de lectura

¿Cómo prepararse para un mundo del trabajo que cambia mientras intentamos comprenderlo?

La inteligencia artificial transforma tareas que creíamos exclusivamente humanas. Para quienes comienzan, la clave no está en adivinar el futuro, sino en fortalecer la capacidad de aprender.

Joven estudiando frente a un laptop con iconos flotantes de inteligencia artificial, aprendizaje y habilidades humanas

Los graduados que hoy comienzan sus carreras profesionales están entrando a un mercado laboral muy distinto del que recibió a quienes egresamos hace más de veinte años. De hecho, los cambios tecnológicos de la última década están transformando tareas que, hasta hace poco, considerábamos exclusivamente humanas. Para un joven que busca su primer empleo, intentar anticipar exactamente cómo será su profesión dentro de diez años parece prácticamente imposible. Entonces, ¿cómo prepararse para un mundo del trabajo que cambia mientras intentamos comprenderlo?

La respuesta puede estar, paradójicamente, en una discusión que lleva décadas acompañándonos: nuestra capacidad de aprender.

El aprendizaje como respuesta

Cuando iniciaba mi trayectoria profesional, a comienzos de los años 2000, una de las discusiones que más influyó en mi manera de comprender el desarrollo fue la planteada por Joseph Stiglitz respecto de los resultados de las reformas económicas implementadas en América Latina. En Whither Reform? Towards a New Agenda for Latin America (2003), Stiglitz cuestionaba que el desarrollo pudiera explicarse simplemente por la acumulación de capital, la liberalización de los mercados o la eficiencia en la asignación de recursos. Su argumento apuntaba hacia algo más profundo: el desarrollo requería también conocimiento, aprendizaje, innovación y capacidades institucionales.

Joseph Stiglitz — Whither Reform? Towards a New Agenda for Latin America (2003)

Aquella discusión marcó buena parte de las decisiones de mi trayectoria profesional. Convencido de que el conocimiento y el aprendizaje eran determinantes para el desarrollo, entendí que fortalecer la capacidad de aprender de nuestras instituciones debía tener consecuencias sobre su capacidad para innovar, adaptarse y, finalmente, elevar su productividad. Esa idea me empujó permanentemente a buscar herramientas que permitieran desarrollar capacidades de aprendizaje en las instituciones donde he tenido la suerte de desempeñarme.

Más de veinte años después

Más de veinte años después, la pregunta continúa vigente frente a los cambios que la inteligencia artificial está propiciando. La brecha probablemente no estará únicamente entre quienes tienen y quienes no tienen acceso a estas herramientas, sino entre organizaciones capaces de integrarlas a sus procesos de aprendizaje y aquellas que simplemente las incorporan como una nueva tecnología.

Una dirección que no es inevitable

Daron Acemoglu, Premio Nobel de Economía, nos lleva hoy día a plantearnos una pregunta estrechamente relacionada. El desarrollo tecnológico no tiene una dirección inevitable; son los incentivos y las decisiones respecto de qué tareas automatizamos y cuáles complementamos los que condicionarán sus efectos sobre la productividad, el empleo, y el desarrollo. Acemoglu ha insistido en la necesidad de avanzar hacia una IA capaz de ampliar las capacidades y los conocimientos de las personas, en lugar de concentrar los esfuerzos exclusivamente en sustituir el trabajo humano.

Daron Acemoglu — sobre IA que complementa en lugar de sustituir el trabajo humano

En consecuencia, al pensar en el futuro del trabajo quizás no deberíamos preguntarnos solamente ¿qué empleos desaparecerán?, sino, sobre todo: ¿qué capacidades humanas debemos desarrollar para que la IA complemente nuestro trabajo en lugar de simplemente sustituirlo?

Una transformación que ya ocurre

Los jóvenes ya están viviendo esta transformación: no estamos hablando de un futuro hipotético. Una encuesta publicada en mayo de 2026 por Cornerstone OnDemand, realizada a 2.000 trabajadores de Estados Unidos y Reino Unido, muestra que la adopción de inteligencia artificial está avanzando más rápido que la preparación de las propias organizaciones.

  • El 46% de los trabajadores utiliza herramientas de IA sin haber recibido capacitación formal de sus empleadores.
  • La situación de la Generación Z resulta todavía más reveladora: un 38% afirma que la IA ya ha cambiado fundamentalmente las exigencias de su trabajo.
  • Sin embargo, entre quienes utilizan IA, un 59% señala que su organización nunca les ha proporcionado capacitación formal para hacerlo.

La generación que comienza sus trayectorias profesionales está experimentando con mayor intensidad la transformación del trabajo y, al mismo tiempo, debe aprender a desenvolverse en ella con herramientas que muchas organizaciones todavía están intentando comprender.

Las soft skills dejan de ser tan “soft”

Las “soft skills” quizás ya no sean tan “soft”, y por ende habilidades como pensamiento crítico, creatividad, juicio y discernimiento, interacción humana y adaptabilidad abren nuevas posibilidades de complementariedad frente a la irrupción de la IA. Estas habilidades dejan de ser simplemente atributos deseables de un trabajador y pueden convertirse en parte de la infraestructura productiva necesaria para capturar el valor de la inteligencia artificial.

La organización importa

Un joven puede ingresar al mercado laboral preparado para aprender, experimentar y trabajar colaborativamente con nuevas tecnologías. Pero, si llega a una organización excesivamente rígida, que concentra las decisiones, penaliza la experimentación o no genera espacios para compartir conocimiento, una parte importante de ese potencial nunca se transformará en productividad.

Prepararse sin adivinar

Para prepararse para el primer empleo no es necesario adivinar cuál será la herramienta tecnológica dominante dentro de cinco o diez años. Quienes comenzábamos nuestras trayectorias profesionales a comienzos de los años 2000 encontrábamos en debates como el planteado por Stiglitz una pregunta fundamental: ¿qué capacidades de aprendizaje, conocimiento e instituciones necesitábamos construir para desarrollarnos? Hoy, me parece que quienes comienzan sus carreras enfrentan esa misma pregunta bajo condiciones radicalmente diferentes.

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